miércoles, 12 de septiembre de 2007

Improcedente

Disfruto los bares húmedos y oscuros, las miradas torvas de las putas viejas, la infinita variedad de sillas cojas, los dibujos que crea la mugre sobre las mesas, las manchas en las paredes y las ciénagas de orines penetrantes en los baños. Sonrío. Mientras mi cabeza se alza sobre las botellas apiladas, sosteniendo miradas lascivas con sarcasmo, me impongo sobre las voces grandilocuentes, me yergo sobre los rostros ebrios ungidos de ignominia angélica. Los borrachos me besan los pies mientras les bendigo solemne. Los bares, las putas, los baños. Mi cabeza se eleva sobre el edificio, sobre las calles. Emerge en la noche, monstruosa, dominándolo todo desde su altura apoteósica y magnífica. La ciudad se desvanece ínfima bajo el barro de mis botas. Ridículas las grandes contrucciones, lastimeras las plazas cementosas, estúpidas las autopistas, rezumo vida mientras clavan agujas en mis venas. Ella me palmea el hombro,bebiéndose una caña porque alargamos la espera un rato más, y aspiro fuerte el pesado aire de tabaco y encierro. Salgo nuevamente al frío callejeo errante y nocturno por calles solitarias. En una esquina, le aplasto la cabeza contra el suelo al cigarro que no fumaré.